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Historia de las casas prefabricadas

Las casas prefabricadas están en auge por su precio, facilidad de montaje y diseño, las prestaciones que suponen en cuanto a velocidad, su compromiso con el medio ambiente…

Esto no es fruto del azar, sino que es consecuencia de un proceso evolutivo de ensayo y error, de experiencia acumulada y de conseguir hacer frente al desafío técnico. Así queda claro al aprender más sobre la fascinante historia de las casas prefabricadas.

Pioneros del XIX

La historia de las casas prefabricadas, al menos la “canónica”, coloca su origen a principios del siglo XX, sobre 1907-08. En concreto, se suele señalar a Sears Roebuck & Company como el grupo de venta por catálogo que comienza a vender casas por paquetes. A través del catálogo con diferentes modelos, el fabricante facilitaba todo lo necesario para construirlas… incluyendo un mastodóntico manual y miles de piezas de montaje.

Sin embargo, y aunque esto fuera el inicio tal casi como hoy las conocemos, la historia de las casas prefabricadas tiene un origen anterior. El siglo XIX, tan denostado pero también tan magistral, fusiona un gusto muy del siglo: pasado y futuro.

Así, la tradición del balloon frame americano, espíritu recogido en cierto modo en la Escuela de Chicago (“menos es más”, llegó a decir Sullivan), luego exportado al resto del mundo anglosajón, así como las nuevas técnicas industriales, bien puede ser el origen legítimo. La famosa Casa Manning, inglesa pero exportada a los dominios australianos, sufre desde el primer cuarto del XIX un éxito sin precedentes.

En el Período de Entreguerras, más de 70.000 casas prefabricadas se vendieron únicamente en EEUU. Ante esta moda ejemplo de modernidad, perfecta para la reconstrucción de posguerra pero también versátil, los grandes genios no podían dejar de intentarlo también.

Genios en los inicios de la historia de las casas prefabricadas

En la historia de las casas prefabricadas encontramos grandes genios pero posiblemente ninguno como aquellos que, y a pesar de la Gran Depresión, más aportaron en el Período de Entreguerras.

Frank Lloyd Wright, uno de los grandes, se interesó en este estilo que consistía en realizar partes en una fábrica y luego ensamblarlos como un puzle. Ya no se trataba de casas anodinas y en serie, sino el diseño de números uno, como demuestra su Casa Robbie o su excepcional Fawcett. Es gracioso pensar cómo su gran rival en lo arquitectónico, Le Corbusier, y sus famosas casas Citröen, casas de módulos repetitivas para las clases populares, o incluso su Unidad Habitacional de Marsella, su vivienda “colmena”, también contribuye en cierto modo y de manera indirecta en la historia de las casas prefabricadas.

Otro genio que no se resistió a aportar su granito de arena fue Gropius. El alemán, fundador de la Bauhaus, perseguido por el nazismo por “indeseable”, compañero de Mies van Der Rohe, construyó varias viviendas en este estilo en el 38 que poseían diseño, decoración justa, distribución perfecta…

Aunque la Gran Depresión hundió las ventas casi a la mitad en la venta por catálogo, no fue así a través de otros métodos. Se necesitaban casas y se necesitaban ya, a buen precio, fiables y con posibilidades de diseño.

Mientras, otros arquitectos como Breuer (antiguo director de la Bauhaus también exiliado), Fuller o Buchminster, contribuían a la historia de las casas prefabricadas dejando bien claro que eran el futuro. El vidrio, la piedra y el acero, que junto con la madera suponen el cuarteto típico de este tipo de viviendas, empezaban a imponerse.

La casa Stran, realizada en acero en 1936 en Wilmette (Illinois) sería un ejemplo magnífico, con su fachada desornamentada y su alzado sencillo pero de sofisticación impecable.

Decadencia de lo exclusivo; auge de lo popular

Aunque la Lustron en metal tuvo bastante éxito en la más inmediata posguerra, construyendo 1000 casas por año desde el 47-50, fue una victoria pírrica. El American Way of Life, el auge de una clase media fuerte y segura, el pleno empelo, las exportaciones millonarias, hacían mirar con desprecio a las casas prefabricadas a pesar de los esfuerzos de los grandes arquitectos.

Pero la pacificación traía consigo la vuelta a casa de los soldados. Se necesitaban casas baratas pero dignas, rápidas y tan buenas y seguras como las convencionales. Se necesitaba mejorar para cubrir la demanda y hacerlo con calidad. Ya no se vende por catálogo y que cada uno se las apañe: llega el más puro estilo de cadena de montaje.

Ahora sí que ya no había dudas. Hasta los 80 con mucha dificultad pero muy buen hacer, se posiciona en un mercado preparado para la cada vez más difundida informática. Ya no se pensaba que eran barracones sino casas como cualquier otra. La historia de las casas prefabricadas daba un vuelco.

Historia de las casas prefabricadas y modulares

Casas prefabricadas en la actualidad

Las nuevas tecnologías y la implicación de diseñadores muestran lo que la historia de las casas prefabricadas ya intuía: siempre han tenido éxito porque mejoran con el tiempo. Es decir: poseen la capacidad de personalizarse como en cualquiera tradicional, pero con velocidad gracias a la prefabricación, lo que las hacen muy atractivas.

Esto no solo es posible porque las distancias hoy se recorren a mayor facilidad gracias al desarrollo del transporte, sino también porque es posible obtener calidad y buen precio gracias al refinamiento del proceso constructivo, del tratamiento de los materiales y por su durabilidad, el talón de Aquiles de estas construcciones en el pasado.

La historia de las casas prefabricadas no ha acabado

La historia de las casas prefabricadas es la historia de un empeño. Hasta hace poco era imposible que una casa de madera no tuviera humedad, que el mantenimiento no fuera caro y engorroso o que, directamente, se pudiera diseñar a nuestro gusto.

Estos inconvenientes no solo se han solucionado, sino que gracias a su aislante térmico y facilidad, hoy son más ecológicas, más eficientes y, a la larga, necesitan de menos arreglos que las tradicionales.

La historia de las casas prefabricadas, como decimos, no ha acabado: ¿qué nuevas maravillas veremos en el futuro?

 

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